Músico andino toca la zampoña en la calle frente a las luces de una sala de conciertos

La calle, Alemania y mi escuela de profesionalismo

No separo la calle del escenario profesional. La calle me enseñó a sobrevivir, escuchar y respetar al público; Alemania me exigió precisión, preparación continua y responsabilidad.

Autoría y fuenteRelato oral de Robert Mamani del 29 de agosto de 2026. Transcripción editada sin cambiar su posición.

La calle es una gran escuela

La calle no enseña lo mismo que una escuela de música. Allí aprendí a diferenciar los gustos de las personas y a interpretar de una manera que pudiera llegarles al corazón y al alma. En el Perú el público es diverso y exigente; si quieres vivir de la música, tienes que hacer el trabajo bien y comprender qué puede recibir cada persona. En cierto modo, el músico se vuelve también psicólogo.

La calle enseña otras cosas que un aula no puede reproducir. La lluvia y el calor alteran los instrumentos: uno aprende a protegerlos, afinarlos y utilizarlos según la temperatura. También aprende que ganar dinero importa y que, precisamente por eso, el trabajo debe hacerse con dignidad.

Trabajar en la calle no es indignante. Es una carrera difícil: obliga a sobrevivir, llegar a la gente, escuchar bien y tocar bien. Enseña respeto por cada persona del público. Cuando haces el trabajo con dignidad puedes enfrentarte a cualquier escenario. En un teatro o en una calle hago lo mismo: música profesional y respeto para quien escucha.

El casting no fue una casualidad

Cuando pasé aquel casting no había llegado por una invitación directa. Aun así, estoy completamente seguro de que las casualidades no existen. Soy una persona espiritual: creo que ese momento ya estaba dado y yo tenía que hacerlo realidad; estaba escrito que sucediera así.

Creo en una fuerza superior y en que las cosas suceden cuando uno está listo. Existe lo que llamamos suerte, pero para la persona que se prepara, trabaja y se esfuerza, esa suerte es preparación, fe y ahínco. Yo me había interesado por aprender y me preparaba sin saber cuándo llegaría la oportunidad. Estaba preparado para ese trabajo y para mucho más.

Viajar, volver, llegar después a otro país y quedarme allí forman parte del camino que estaba escrito para mí. Hay cosas escritas que todavía no se han cumplido. Solo queda seguir adelante y descubrir para qué nos prepara la vida.

Músico peruano practica la guitarra de noche junto a su zampoña y su tambor
Cuando tuvo que sustituir al guitarrista, Robert ensayó durante las noches hasta convertir una dificultad en una nueva capacidad profesional.

Alemania y la disciplina profesional

Trabajar en Alemania con músicos profesionales me hizo crecer. Eran disciplinados y buscaban hacer todo casi a la perfección: las notas y los acordes tenían que sonar exactos; había que ensayar, prepararse bien y ofrecer un verdadero espectáculo. Antes podíamos aprender algo, tocarlo y pensar que ya mejoraría con el tiempo. En un grupo profesional el ensayo y la preparación son continuos.

Conservo esa responsabilidad. Incluso la música más simple debe estar bien hecha por respeto al público. No quiero ofrecer solamente un espectáculo: quiero dejar mi espíritu y mi fuerza interior en cada tema y en cada presentación. Cuando el trabajo está bien hecho, llega de otra manera y el público lo respeta.

La guitarra que tuve que aprender

Yo había llegado como vientista y percusionista, no como guitarrista. Cuando el guitarrista del grupo tuvo problemas, tuve que ocupar su lugar y tocar con un sistema de ecualización. No estaba preparado para esa función y fue muy difícil. Ensayaba toda la noche después del trabajo y practicaba cada día hasta dominar el instrumento.

Durante un momento pensé que aquello había sido un fracaso, pero fue una experiencia muy productiva: aprendí más sobre la guitarra, utilicé nuevos sistemas y gané precisión. Por eso no hablo de fracasos, sino de experiencias. De ellas aprendemos qué preparar y extraemos algo que podremos utilizar en el futuro.

Elegir con quién crecer

Cuando volví al Perú comprendí que mi nivel musical había crecido. Compartí lo aprendido y algunos músicos crecieron conmigo; otros no quisieron recibirlo. Entonces tuve que elegir con quién podía hacer un trabajo más profesional y dejar de trabajar con quienes preferían quedarse en el mismo lugar.

Eso no es malo: trabajar con personas que quieren crecer nos vuelve más responsables y permite crear más. A veces quienes no comprenden esa decisión te consideran una mala persona y te critican. Es triste, y me ocurrió. Pero yo quería crecer y seguir adelante; quien quiere crecer contigo, crece, y quien no quiere, se queda donde está.

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