Mi forma de tocar nació del cuerpo, de la danza, del viento, la lluvia y el agua. Cada pieza es para mí una historia con entrada, subida, descenso, saludo y despedida.
Música y danza: una sola energía
De joven participé en grupos de teatro y danza y aprendí diferentes movimientos del Perú. La música está relacionada con la danza: cuando interpretamos un tema, el cuerpo reacciona. Con el movimiento damos a las personas parte del significado de la composición, del mismo modo que al hablar movemos las manos para hacernos entender.
Al tocar no movemos las manos libremente porque los dedos trabajan sobre el instrumento, pero el cuerpo interpreta el sonido. Una música tranquila relaja el cuerpo y puede transmitir esa energía; una música rítmica lo pone en movimiento. El sonido invade el cuerpo, nosotros vibramos y emitimos esa vibración. Música y danza van de la mano: soplamos el instrumento y, al mismo tiempo, manifestamos la música con el cuerpo para el público que mira y escucha.
Mi manera de contar una historia
Todos los músicos tienen una manera particular de interpretar. Yo tengo la mía. Para mí, la música instrumental es una historia, un cuento que debe ser interpretado. Le doy una entrada, una salida, una subida, una bajada, un saludo y una despedida porque así la siento.
No soy mejor ni peor que otros músicos. Tengo un estilo propio que puede hacerme diferente, aunque algunas personas no perciban esa diferencia. Yo sí sé lo que hago y lo que emito: en cada interpretación cuento, con mi propio sentimiento, una historia diferente.
Viento, lluvia, agua y mar
Los recuerdos de mi infancia son pocos, pero los sonidos de la naturaleza marcaron mi estilo: el viento y la lluvia sobre los árboles, el agua corriendo en los riachuelos, el mar. Relaciono esa combinación con una música espiritual, tranquila y relajante.
Esos sonidos quedaron grabados en mí y me llevaron hacia una música más meditativa, capaz de ayudar a las personas o, sencillamente, de expresar lo que a mí me gusta. Toco lo que amo. Si esa música me llega, sé que también puede llegar a otros.
Cuando la música se hace pesada
La música se hace pesada cuando el cuerpo no está activo o cuando interpretamos los mismos temas cada día y dejamos de sentirlos como al principio. Para recuperar su sentido paso tiempo con mi familia, hago deporte y trabajo con el cuerpo. También voy a grandes conciertos y observo a otros músicos en escena.
La familia y el deporte relajan y reactivan el cuerpo. Un gran concierto alimenta la inspiración y despierta el deseo de crecer. Después regreso al trabajo con ideas nuevas, más serenidad, más fuerza y el cuerpo lleno de energía.
Cuando el público no reacciona
No todos los conciertos comienzan con una conexión inmediata. Hay momentos en que el público no reacciona a las vibraciones y a la energía que emitimos. Entonces analizo la situación, me tranquilizo aunque exista preocupación y busco crear un hilo de conexión.
Explico qué significa la composición y cuento su historia. Después, al tocar, vuelvo a contar esa historia con el instrumento. El público empieza a recibir el mensaje y a sentir lo que intento emitir. Para mí esa conexión es esencial: contar la historia es la forma más directa de llegar al corazón de quien escucha.
Robert Mamani
Músico peruano, intérprete y profesor de instrumentos andinos, creador del proyecto Hawk Spirit.