Una música nacida al otro lado del mundo puede encontrar escucha en una sala de Moscú. Robert Mamani lo ha comprobado en espacios muy distintos: encuentros íntimos, centros culturales, programas para veteranos y conciertos benéficos.
Cada espacio propone otra escucha
Durante sus años en Rusia, Robert ha tocado ante públicos muy diferentes. No recuerda únicamente grandes escenarios. Le interesan especialmente los lugares donde la música puede convivir con una conversación: un club de té, una biblioteca, una sala de descanso o un centro dedicado a la cultura.
En un club de té encontró a personas que habían llegado para conversar y hacer una pausa. Escucharon con atención y, después de la música, hicieron preguntas. El concierto dejó de ser una sucesión de piezas para convertirse en encuentro. Para Robert, esa posibilidad de hablar con el público forma parte del valor de una actuación.
Cuando las preguntas se vuelven parte del concierto
Los instrumentos andinos despiertan curiosidad. ¿Cómo se produce el sonido? ¿De qué material está hecha una quena? ¿La zampoña pertenece al Perú o a una región más amplia? Cuando el lugar permite detenerse, Robert no necesita separar rígidamente concierto y explicación.
Una melodía abre la atención; una historia aporta contexto; otra melodía permite escuchar de nuevo con una percepción distinta. Ese formato funciona especialmente bien en bibliotecas, museos, clubes y espacios donde el público desea conocer otras culturas.
Música para personas mayores y veteranos
Robert recuerda con especial respeto un proyecto de Moscú dirigido a personas mayores y veteranos. Durante una temporada actuó aproximadamente una vez al mes en lugares diferentes. Allí representaba “al Perú profundo” mediante los instrumentos y el repertorio que lo acompañan desde su juventud.
La expresión no significa convertir una cultura en postal. Significa presentarla con cuidado, dejando que los instrumentos hablen y explicando de dónde viene la música. Aunque Robert se siente cercano a una identidad humana más amplia que cualquier nacionalidad, reconoce su origen peruano y asume la responsabilidad de representarlo con respeto.
«Toco con amor y con el espíritu, sin importar dónde me encuentre. En ese momento nos hacemos uno con el público.»
Tres maneras de organizar una actuación
En su experiencia, las invitaciones se han organizado de varias formas. A veces la sala vende entradas y el músico recibe un porcentaje. Otras veces se acuerda previamente una cantidad concreta por la actuación. También existen conciertos gratuitos o solidarios, especialmente en proyectos para niños, personas mayores o comunidades que necesitan apoyo.
No hay una fórmula válida para todos los casos. El formato depende del organizador, del presupuesto, de la duración, del desplazamiento y de las condiciones técnicas. Lo importante es hablarlo con claridad antes del evento y comprender qué aporta cada parte.
La distancia desaparece durante una melodía
El público ruso no necesita conocer previamente el repertorio para responder a él. Puede empezar por la sorpresa ante el timbre de una zampoña y terminar reconociendo una emoción propia. Robert resume esa experiencia diciendo que el alma del oyente no tiene nacionalidad.
La música no borra las diferencias culturales; permite acercarse a ellas sin miedo. Durante unos minutos, una sala de Moscú y un recuerdo de los Andes pueden ocupar el mismo espacio. Esa coincidencia es, para Robert, el verdadero centro del concierto.